DIÁLOGOS ANÓNIMOS

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Dimensiones: 100 x 80 cm

Técnica: Collage de lienzo al óleo, barnizado y reforzado con papel Kraff

Soporte: Composición enmarcada

Año: 2015

La intención de la serie Diálogos anónimos I,II y III es apropiarnos de material artístico desechado y anónimo, concretamente material pictórico, y recontextualizarlo como obra artística mediante la aplicación de una serie de parámetros autoimpuestos. Nos resistirnos a negar el potencial poético que poseen dichos productos, recomponiendo nuevos diálogos simbólicos entre sus autores anónimos, la obra y el espectador, y entre los lugares y personajes olvidados que existen dentro de esos lienzos.

El material mediante el cual se han compuestos los collage que conforman las imágenes de cada cuadro dentro de Diálogos anónimos I, II y III,  ha sido recabado durante años ya que existía la intención tiempo atrás de realizar algún tipo de proyecto con estos. Estos lienzos han sido encontrados en diferentes ciudades de España, siempre dentro de las zonas de recogida de residuos urbanos,  o sea, junto a contenedores de basura.

El proceso, por lo tanto, a partido de una primera etapa de análisis estético y simbólico de los lienzos rescatados mediante las preguntas; ¿Qué ha intentado transmitir el autor?, ¿Cuál fue el contexto en el que se creó la obra? ¿Qué me transmiten dichas imágenes?, ¿Qué relación puede existir entre todos estos lugares y personajes? A partir de las respuestas encontradas, se han establecido nuevos discursos, que aunque en el caso que nos ocupa es un aspecto puramente anecdótico y secundario, giran estos en torno a temas relacionados con los contextos de la libertad, formulando tres fábulas visuales interconectadas.

 

DEJA QUE LA PASIÓN TE LLEVE

 

PROYECTO DE ACCIÓN ARTÍSTICA EN EL ESPACIO PÚBLICO

Con la colaboración de Julio César Aguilar Carrasco

Sevilla, 2015

En las sociedades de consumo observamos de qué manera las identidades individuales han tendido hacia un nuevo tipo de serialismo. Los ciudadanos, pueblos y naciones enteras consumen las mismas modas, música, estilos de vida, pensamiento y todo tipo de productos, subproductos y subproductos de subproductos, que es exactamente en lo que nos convertimos.

Todo se convierte en mercancía, y “lo que no se puede comercializar está destinado a desaparecer” (Bourriaud, 2008:7), hasta las relaciones personales: “lo que era vivido directamente se aparta a ser una representación, un espectáculo”. (Debord, 1967:2) La relación que establece el hombre con el medio y los objetos, se limita al mero acto de consumir. Las multinacionales nos envisten vendiéndonos, junto a sus productos, falsas vías hacia la realización personal en lo que tras su consumo, solo nos queda un vacío mayor, y con el tiempo, la certeza de comportarnos como unas extrañas marionetas que son capaces de mover sus propios hilos. Esto suena irónico, pero una vez dentro del sistema sólo nos queda convertirnos en generadores de la imagen que consumimos, y volver a demandar de nuevo la misma imagen que hemos creado de nosotros mismos, de la que queremos seguir formando parte. El sistema ha desarrollado una fascinante capacidad de fagocitar cualquier forma de expresión divergente y contracultural, siempre y cuando esta empatice con grupos de personas, lo que se traduce en grupo de posibles consumidores.

El carácter fundamentalmente tautológico del espectáculo se deriva del simple hecho de que sus medios son a la vez sus fines. Es el sol que no se pone nunca sobre el imperio de la pasividad moderna. Recubre toda la superficie del mundo y se baña indefinidamente en su propia gloria. La sociedad que reposa sobre la industria moderna no es fortuita o superficialmente espectacular, sino fundamentalmente espectaculista. En el espectáculo, imagen de la economía reinante, el fin no existe, el desarrollo lo es todo. El espectáculo no quiere llegar a nada más que a sí mismo. (Debord, 1967:4)